domingo, 16 de junio de 2013

Nada ni nadie

Nada ni nadie

Era marzo de 2013.Recibía una noticia devastadora para mi familia. Después de una serie de estudios médicos se confirmaba que mi tía Isabel, esposa de mi tío Próspero, tenía cáncer.
Mi familia se caracteriza por ser muy unida; mi tío nos dio la noticia y de inmediato nos solidarizamos con él. Siempre es bueno saber que no estás solo y eso quisimos transmitírselo a mi tío. Él, nos agradeció y entonces comenzó la lucha contra esta terrible enfermedad; todos apoyamos a mi tío y a sus hijos. Mi tía Isabel fue hospitalizada y comenzamos a turnarnos para acompañarla en el hospital y animarla moralmente.
Yo pasaba por un mal momento y estaba tocando fondo. Una serie de sentimientos y frustraciones vagaban en mi pensamiento: había cometido el error de abandonar la UNAM, terminé mal una relación con una chica y eso me hacía sentir miserable.
Toco mi turno para acompañar a mi tía al hospital; llegué y mi tío Próspero  me dijo que esperara a que se despidiera de mi tía. Necesitaba animarla y yo me sentía triste. Finalmente mi tío salió del hospital y yo entré; la cama de mi tía estaba en el tercer piso. Subí y la saludé, le pregunté como se sentía. “Ya no quiero estar aquí” contesto. Sentí que algo dentro de mí se quebraba; yo no le encontraba un sentido a la vida y ella quería regresar a casa. Quise llorar pero me contuve.” Y tu hijo, ¿cómo estás?”, me preguntó. Ella sabía que no estaba bien; le conté lo que me pasaba. Mi tía con sus problemas y yo molestándola. Aun así me dijo que no tenía por qué estar triste; que era muy joven y que tenía una vida por delante. Tenía razón.
Hablamos durante unas horas, la conversación levantaba mi estado de ánimo y a ella le agrado mi compañía. Recibí una llamada de mi primo; era hora de despedirme de mi tía.
Salí del hospital y reflexioné sobre lo que hablamos. De pronto mi estado de ánimo mejoraba y me proponía cambiar mi vida. Mi felicidad no depende de nadie.
Un mes después ingresé a la Universidad Autónoma Metropolitana.Días después, mi tía perdió la batalla contra el cáncer.
Esté momento fue clave en mi vida; ahora disfrutaré cada momento como si fuera  el último. Agradeceré lo bueno que tengo:mi familia y  mis verdaderos amigos.
 Voy a trazar mi felicidad. De mí, depende eso.  

   



   

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